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San Lucas, una feria con más de cinco siglos de historia en Hoznayo: su origen se remonta a 1521

13 de octubre de 2026

En Hoznayo, localidad del municipio de Entrambasaguas, octubre es mucho más que un mes de otoño. Es el momento en el que la historia vuelve a hacerse presente en sus calles, en el encuentro entre ganaderos y visitantes y en una tradición que ha sobrevivido al paso de los siglos. La Feria de San Lucas, cuyo origen se remonta a 1521, constituye uno de los acontecimientos más arraigados de la cultura rural cántabra y un testimonio de la importancia que el ganado y los mercados tuvieron en la vida económica de la región.

Su historia comenzó hace más de cinco siglos, cuando la Junta de Ávila concedió a Hoznayo un privilegio para celebrar la feria. Desde entonces, la cita ha experimentado numerosas transformaciones, pero ha mantenido su vinculación con el campo, la actividad ganadera y las costumbres populares. En enero de 2025, las Ferias y Fiestas de San Lucas recibieron la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional, un reconocimiento a su trayectoria histórica y a su valor cultural y etnográfico.

Un origen que se remonta al siglo XVI

Para comprender la relevancia de San Lucas hay que viajar hasta el año 1521. En aquella época, las ferias ganaderas eran fundamentales para la economía de las comunidades rurales. Estos encuentros permitían comprar y vender animales, establecer acuerdos comerciales y reunir a personas procedentes de distintos pueblos.

Hoznayo encontró en aquella concesión la oportunidad de consolidar un mercado que, con el tiempo, se convertiría en una referencia para la comarca. La feria estaba vinculada a la festividad de San Lucas Evangelista, que se celebra el 18 de octubre, y su calendario tradicional giraba alrededor de esa fecha.

La documentación histórica permite reconstruir parte de su evolución. Una de las primeras referencias conocidas aparece en un documento de 1787, que sitúa la celebración el 18 de octubre y señala que se prolongaba durante tres o cuatro días. El texto también menciona el lugar conocido como los palacios de Oznayo, donde se desarrollaba el mercado, en el entorno del actual Hoznayo.

Aquellos testimonios reflejan que, ya a finales del siglo XVIII, San Lucas era una cita consolidada. La feria no era únicamente un acontecimiento festivo: constituía una oportunidad económica para ganaderos, comerciantes y habitantes de los pueblos cercanos.

El ganado, protagonista durante generaciones

Durante siglos, el ganado fue el gran protagonista de San Lucas. Caballos, mulas, bueyes y vacas formaban parte de las transacciones comerciales que daban sentido a la feria. Los animales eran esenciales para el trabajo agrícola, el transporte y la economía familiar, por lo que su compraventa tenía una importancia que iba mucho más allá de una jornada de mercado.

La feria se convirtió así en un punto de encuentro para profesionales del campo y familias de distintos lugares de Cantabria. Las negociaciones, los desplazamientos de los ganaderos y la actividad comercial daban vida a una celebración que combinaba el trabajo con la convivencia.

Según las referencias históricas recogidas sobre la feria, su dimensión llegó a ser considerable, con la participación de cientos de ganaderos y un elevado volumen de operaciones comerciales. San Lucas servía para intercambiar animales, comparar ejemplares y establecer relaciones que contribuían a sostener la actividad agropecuaria de la zona.

El paso del tiempo modificó las necesidades del sector. La mecanización del campo redujo la dependencia de los animales de tiro y transformó las explotaciones ganaderas. La feria tuvo que adaptarse a esa nueva realidad, incorporando maquinaria agrícola y ampliando su oferta comercial. El cambio no supuso la desaparición de sus raíces, sino una evolución acorde con las transformaciones del mundo rural.

Una tradición que se adapta a los nuevos tiempos

La historia de San Lucas demuestra que una celebración centenaria no permanece intacta: cambia con la sociedad que la mantiene viva. A lo largo de los siglos se han modificado las fechas, los espacios, los medios de transporte y los productos presentes en el mercado.

Tradicionalmente, la feria se prolongaba durante varios días alrededor del 18 de octubre. Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, su duración se redujo y, con el paso de los años, el 19 de octubre se consolidó como la jornada principal de la feria ganadera.

Hoy, el programa combina actividades relacionadas con el campo y la tradición con propuestas festivas dirigidas a públicos de distintas edades. El mercado tradicional, la exposición de maquinaria agrícola y la feria de ganado mantienen el vínculo con sus orígenes. A su alrededor se desarrollan actos religiosos, romerías, exhibiciones de deporte rural y actuaciones musicales que amplían el atractivo de la celebración.

La programación permite que convivan distintas generaciones y que quienes conocen la feria desde hace décadas compartan espacio con visitantes que se acercan por primera vez. San Lucas sigue siendo, de esta manera, una oportunidad para mostrar el trabajo ganadero y agrícola, además de una ocasión para disfrutar de la vida social del municipio.

Una tradición que se adapta a los nuevos tiempos

La declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional, anunciada en enero de 2025, supuso un nuevo hito para San Lucas. El reconocimiento pone en valor su antigüedad, su continuidad y su capacidad para representar una parte significativa de la identidad rural de Cantabria.

La distinción también contribuye a visibilizar una celebración que ha sabido mantener su personalidad mientras incorporaba nuevos contenidos. En un contexto en el que las actividades agrarias han experimentado profundas transformaciones, la feria ofrece un espacio para acercar el sector primario al público y recordar la importancia histórica de la ganadería en la economía y la cultura de la región.

Además de su dimensión económica y turística, San Lucas conserva un componente social. Las fiestas permiten reencontrarse con vecinos, familiares y conocidos, compartir costumbres y transmitir recuerdos vinculados a la historia de Hoznayo. Esa continuidad, construida a lo largo de generaciones, es una parte esencial de su valor patrimonial.

Una tradición que se adapta a los nuevos tiempos

Desde el privilegio concedido en 1521 hasta la actual celebración, San Lucas ha atravesado cambios económicos, sociales y tecnológicos que han transformado profundamente el entorno rural. Lo que comenzó como una feria vinculada al intercambio de ganado se ha convertido en una celebración más amplia, capaz de reunir tradición, actividad comercial, cultura popular y entretenimiento.

Su importancia no reside únicamente en la cifra de años que acumula. También está en su capacidad para seguir convocando a la gente y conservar el recuerdo de una forma de vida que ha marcado la historia de Cantabria.

Cada octubre, Hoznayo recupera ese vínculo entre pasado y presente. La feria recuerda que las tradiciones no sobreviven solo porque estén escritas en los documentos, sino porque las comunidades continúan celebrándolas, adaptándolas y transmitiéndolas.

Más de 500 años después de su origen, San Lucas permanece como una de las grandes citas históricas del calendario rural cántabro. Una feria que nació alrededor del ganado y del comercio y que hoy continúa siendo una expresión de la identidad de Hoznayo y de la memoria colectiva de toda una comarca.

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